“El Tigre y el Venado” de Sergio Sibrián : contra el tiempo de la televisión, el tiempo de nuestra América.

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tigre-y-venadoEstreno en Venezuela de “El tigre y el Venado”, documental salvadoreño de Sergio Sibrián, Primer Premio del Festival “Voces Urgentes” (México 2014) y Premio al “Mejor documental latinoamericano” del Festival Sunscreen (EEUU, 2015). Este documental es el fruto de un taller de documentalismo social dictado por la Escuela Popular y Latioamericana de Cine y de la labor formativa de ACISAM en las comunidades populares de El Salvador.

Acerca la tortilla al fuego, la aleja un instante, primero hay que dejar que cueza la otra junto a la morcilla. En la noche helada que cae sobre la casa de barro invisible, el hombre acuclillado ha cubierto su cabeza con una capucha. Dice a quien lo filma: mire cómo la paso yo.

Esta escena habla de la confianza que depositó Marcelino García Fabián en quienes lo acompañaron durante dos años bajo el sol,  bajo la luna y madrugaron para subir el largo camino que separa el pueblo de Tacuba de la casa alta de barro.  Así como de alguna forma los pescadores candombleros de Barravento eligieron a Glauber Rocha, Chelino eligió a estos muchachos, a Flor, a Ángel, a Sergio, a Daniel, a Alfonso, a Ricardo para transformarlos.

Con los estudiantes III
Daniel Rodríguez presenta el documental a los estudiantes de comunicación social de la UBV, Caracas, Venezuela, 2 de diciembre 2014

Al estrenar el filme en Venezuela para los estudiantes de la Universidad Bolivariana, el 2 de diciembre 2014, el compañero Daniel Rodríguez, uno de los tres editores del documental, les ha preguntado cuantos kilómetros separan la casa de Don Chelino del pueblo de Tacuba. “Dos” dijeron algunos. Se asombraron: eran seis los que Don Chelino, 103 años, recorría de su casa al pueblo y del pueblo a su casa y lo hacía dos veces a la semana, “Buenos días Sr Sergio lo vengo a visitar, como no bienvenido pase adelante Don Chelino”, y Chelino editaba junto a ellos, esta toma si va, esta no está bien. con los estudiantes UBV II con los estudiantes UBV Don Chelino pudo tener motivos para desconfiar: durante años los de la alcaldía de ultra derecha de Tacuba, los descendientes de los que masacraron a 32000 indígenas en 1932, lo usaron como pieza de museo, como estampa del folclor, Pero Chelino entendió que estos no venían para usarlo y querían aprender de él.

Así nació la cámara subjetiva. Somos los ojos de agua de Chelino observando cómo el fuego muerde la comida. Somos este maíz, esta carne, esta leña, estas llamas en la noche helada, toda una vida en su vestido de ceniza. Estamos en la montaña grande de Centroamérica, en nuestra montaña, con su querido viento solitario que tantas veces nos ha visitado pidiendo permiso para hablar entre las tablas que arman la casa, y que ahora se lleva el miedo soplando en la flauta.

También se hizo subjetivo el micrófono: respiramos  por los pulmones de Don Chelino, por la madera esculpida por sus manos, por esta flauta desnuda que es la voz de 32000 indígenas ausentes. Podemos ser ese respiro.

Para lograrlo Sibrián ha conseguido liberarse de sus años de estudiante de la comunicación social tal como la enseñan aun hoy en día en las universidades de nuestra América Latina, anacrónico mecanismo de venta anglosajón, repetido religiosamente por tantos “profesores” y que explica la paradoja de que en El Salvador o en Venezuela, la filosofía revolucionaria tenga que colar su discurso a través de la televisión comercial o a través de una televisión pública como disfraz de la primera.

La cine-escritura de Sergio Sibrián y sus hermanos, en cambio, viene de nuestro futuro. Apuesta al espectador ya no como pasivo recipiente de mercancías mediáticas, preso de su propio reflejo de consumidor en la pantalla, sino al ciudadano capaz de imaginar, pensar, crecer más allá de las imágenes. Ese “más allá” del audiovisual es en primer lugar el fruto de años de trabajo popular y de formación en comunicación popular por parte de ACISAM y de la Escuela de Video Mesoamericana, dos organizaciones salvadoreñas que han logrado armar una poderosa red de producción y de formación audiovisual en toda la región, en la búsqueda de contar las historias del pueblo y para ello, de generar nuevas estéticas.

Noe Valladares, Sergio Sibrían y otros integrantes de un taller de ACISAM, El Salvador.
Noé Valladares, Sergio Sibrían y otros integrantes de un taller de ACISAM, El Salvador.

Noé Valladares y Sergio Sibrián nos habían visitado en Caracas cuando trabajábamos en VIVE TV. Nos volvimos a reunir luego en Managua en 2010 y en Tacuba en 2012 en unos talleres de documentalismo social ofrecido por nuestra venezolana “Escuela Popular y Latinoamericana de Cine”.

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Taller en Tacuba (El Salvador) de ACISAM y de la Escuela Popular y Latinoamericana de Cine (2012)

En su nota de intención como director de “El Tigre y el Venado”, Sergio Sibrián explica con mucha claridad esta síntesis: “La cámara mira desde lejos para dar prioridad al contexto en que vive el personaje y con tiempos largos de observación para lograr que el espectador tenga más elementos del contexto y el tiempo suficiente para activar la reflexión, que le permita pasar de su papel pasivo a protagonista de la historia como espectador. La decisión de partir de la existencia del personaje es para dar prioridad a las acciones de su vida cotidiana y después ponerle palabras, logrando un equilibrio entre las cosas hechas (las acciones), las cosas dichas (las palabras) y así eliminar la entrevista-busto aburrida y tradicional que encierra a las personas quitando naturalidad y libertad e sus acciones y palabras.”431577_230523733739393_34647604_n 1069172_257313371060429_1751517459_n 941718_253214261470340_1541508765_n 63281_230196500438783_1216124173_n

Es precisamente por esta ausencia de planos de apoyo, de entrevistas, que “El Tigre y el Venado”  habita nuestra memoria como flecha que ha buscado nuestra alma y nuestra conciencia, a la vez, durante 82 años.

El plano en que se baña Don Chelino es filmado desde la distancia justa, la del respeto y a al mismo tiempo de la confianza. Esta espalda de Don Chelino que se baña existe. Estas manos lentas que recogen el agua del río y se la echan en todo el cuerpo, existen. Podríamos contar las vértebras que las manos de Don Chelino han lavado durante 103 años. Estas manos fueron un día las del  muchacho fugitivo explorado a tientas su refugio, una cueva de Guatemala.

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Sergio, Chelino, Flor y Angel

La risa de niño de Chelino. Su sufrimiento. Su pensamiento. ¿Cómo hacer pasar el hilo por el agujero de la aguja si los ojos llenos de agua ya no ven, los dedos, el hilo, los dedos, el hilo, pero Chelino vence, logra coser. Si se cae la puerta, ya Chelino fabricó el clavo, antes de reírse con los que filman porque al final el marco se le cayó en las manos. Dice “La vida está hecha de paciencia, paciencia quiere la vida”. Sergio me comentó un día “cuantas veces nos detenemos en la vida, por nada, por un percance sin importancia, y mira a Chelino…”

Pobrecita, tanto tiempo encerrada, dice Chelino al agacharse lentamente hacia la canasta que cubre la gallina, a ver si ya puso, y la mano pone el huevo cual ofrenda al pie del altar domestico de sus santitos. Cuando su bastón ha hecho sonar el mármol pulido de la iglesia Sergio filma los iconos católicos ante los cuales se arrodilla el abuelo indígena, y baja la cámara hacia el agua pintada del bautizo sagrado. Sibrián nos hace escuchar entonces el sonido de un agua que corre, para llevarnos a la fuente en que se baña el sobreviviente. Que montaje tan poderoso: quitar la mayúscula al Agua Bendita para acompañar al verdadero santo bañándose.

Parece sacada de los evangelios esta escena en que Don Chelino, cual Cristo profano, sube un camino áspero al encuentro de una mujer con sus tres hijos, y al conversar con ellos le explica su dilema: “Quisiera morir ya pero no me puedo quitar la vida yo solo”, saluda a la mujer y a los niños desde lo alto, sin detener sus pasos.mqdefaultEn 1932 todos nacimos medio muertos” recuerda Roque Dalton al inicio del documental. En los pasos de los danzantes que Chelino y su alumno acompañan con la tenue flauta, está la necesidad de sublimar la memoria indecible por otros medios. Esta danza como sublimación, como única posibilidad de mantener el recuerdo, nos sugiere fuera de campo la monstruosidad racista de quienes forzaron a los niños de las escuelas a presenciar el ahorcamiento del líder de la insurrección indígena Feliciano Ama y dejaron su cadáver pudrirse a la vista de todos, y nos permite medir el terror que de generación en generación hizo que nadie se atreviera a hablar del 32 o a hablar Nahuat por miedo a ser asesinado a su vez.

Al defender y al recibir de manos de su director una copia de “El Tigre y el Venado”, el emocionado Presidente Salvador Sánchez Cerén demuestra entender el poder de la deuda hacia los “siempre sospechosos de todo” (Roque Dalton) que construyeron un país, el poder de una herencia cultural al servicio de una voluntad política, y algo más: sin deuda, sin herencia, sin voluntad, no hay futuro.

El Presidente del Salvador Sanchez Ceren recibe el documental
El Presidente Salvador Sánchez Cerén recibe el documental “El Tigre y el Venado” de manos de su director, Sergio Sibrián

Pensábamos hacer una película para nuestra comunidad, y no imaginábamos que iba a tener difusión en tantos países” dice Daniel Rodríguez. “El temor nuestro, como Palestinos, es que hagan de nosotros un tema” decía Mahmud Darwich. El documental de Sergio Sibrián y los suyos, “producido con el presupuesto del corazón”, no es una película sobre el pasado indígena o sobre los tesoros de un idioma. No termina con la danza del Tigre y el Venado. Apenas empieza cuando Don Chelino retoma su marcha en la calle sin fin que lo sorprendió en un sueño, y volteando por última vez hacia nosotros sus ojos llenos de agua, se enrumba hacia nuestro “futuro anterior”, el tiempo de nuestra América: antes y después del tiempo de la televisión.

Thierry Deronne, Caracas, 7 de diciembre 2014.

URL de este artículo: http://wp.me/p2bGPp-FB

Pintura de Jorge Alas Cáceres inspirado en El Tigre Y El Venado
Pintura de Jorge Alas Cáceres inspirado en El Tigre Y El Venado
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5 comentarios sobre ““El Tigre y el Venado” de Sergio Sibrián : contra el tiempo de la televisión, el tiempo de nuestra América.

    JOSÉ MANUEL VALENCIA TOLEDO escribió:
    8 de diciembre de 2014 en 2:52 am

    Soy mexicano y desearia saber donde poder conseguir o ver el documetal, gracias

    georginaescobar escribió:
    23 de junio de 2015 en 12:04 am

    Tuve la oportunidad de verlo, una joya cinematográfica que retrata fielmente al pueblo en El Salvador.

      Escuela Popular y Latinoamericana de Cine y TV respondido:
      23 de junio de 2015 en 12:34 am

      Gracias por tu comentario Georgina, en nuestro último taller de Acarigua lo pasamos el primer día a los integrantes de varias TVS comunitarias de Venezuela. Cuando Don Chelino eligio a quienes lo filmarían, sabía lo que hacía, y es una película ejemplar también por eso : hecha con “el presupuesto del corazón” y viajando por su fuerza propia hacia los corazones del mundo.

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