Por un momento, hablemos de nosotros

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La política comunicacional del Estado, la dirigencia, y luego el colectivo chavista aguas abajo, nos vemos casi de manera permanente sumergidos en la estrategia de desgaste que nos impuso la contrarrevolución. Ante la señal perenne de amenaza, nuestro devenir es la respuesta y contraataque permanente.

Como la familia que pasa sus días en el día a día, cuando todos en casa trabajamos y estudiamos, y que cuando nos reunimos nos dedicamos a hablar de los problemas de todos los días, poco tiempo empleamos para hablar de nosotros, de lo que hacemos, de cómo nos fue, la dirigencia siempre es incansable defendiendo la estabilidad de las instituciones del Estado, el Partido casi se dedica exclusivamente al Partido, los medios del Estado se dedican a difundir la labor del Estado y normalmente todos coreamos al unísono lo que hay que decir de la derecha y de la decadente dirigencia de la oposición venezolana.

Entre dimes y diretes, y decir “yo hice esto, mira lo que ellos hicieron”, se nos va todo el espectro comunicacional del Estado y en buena parte el de los medios alternativos (los pocos que son serios). No hablemos de las winstonadas que ahora tenemos que presentar como bochorno y aquelarre farandulero por el codiciado rating mediático ahora en Tves. Lo cierto es que poco espacio queda para divulgar, analizar y apuntalar lo que hace el movimiento popular, comunero, el que anda en colectivos y movimientos sociales y que anda en otra forma de hacer política.

Parece que el chavismo debe redescubrirse a sí mismo, reconocerse a sí mismo, entendiendo que no somos una comunidad política reducida a la voz y al discurso casi de librito de primera comunión que repite, y repite, y repite un vocero del Gobierno, y otro vocero, y otro funcionario, y otro diputado, y etcéteras. No. Somos mucho más que eso. Somos una comunidad política que construye, que hace y que transforma nuestra propia realidad política. Comunicacionalmente, no lo decimos.

No somos sólo lo que dice la militancia del Psuv, somos más que eso. No somos lo que dicen los representantes de las comunas, quienes aparecen en medios del Estado reseñando los aportes y la gestión del Estado con las comunas, no. Somos lo que ocurre dentro del movimiento comunero, que se teje en organización yendo a contracorriente de la cultura del individualismo, protagonismo, apatía, pugna y burocratismo. Comunicacionalmente, no lo decimos.

Somos desde la Misión Nevado trabajando que trabaja sin recursos del Estado hasta los colectivos de trabajadores culturales. Somos el Movimiento Zamorano trabajando la tierra, somos el Movimiento de Pobladores, somos los consejos comunales que construyen viviendas, somos los colectivos de Motorizados, los catabres protectores de semillas criollas, los Cayapos, la gente de la Casa del Costurero en Mérida, los de la Comuna “El Sur Existe” en Carabobo.

Somos gente que anda en todo. Somos artesanos, comunicadores, obreros, campesinos, estudiantes. Somos demasiada gente haciendo demasiadas cosas. Comunicacionalmente, no lo decimos.

Quienes en muchas cosas andan, poco tiempo tienen para andar en llantos por las decisiones del Gobierno en las redes sociales. Muchos se desapegaron de la infofrenia tuitera y de espacios permeables de opinión y opinólogos.

A muchos el sudor en la frente les impide leer y dedicarle tiempo a Aporrea para comprarle la labia bonita y barata a Nicmer Evans. Hubo una comunidad en Lara que construyó su propia urbanización de adobe sin recursos del Estado. Y seguro que ellos no leen los artículos de Gonzalo. Comunicacionalmente, no lo decimos.

Hay gente demasiado movilizada como para esperar que las “líneas” para romper la desmovilización lleguen como maná patrocinado por el Estado. Hay quienes entienden que la realidad política es lo que les corresponde hacer. Hay quienes entendieron desde hace tiempo aquella frase que dice: “Si no te gusta la revolución que estamos haciendo, pues ponte a hacerla tú también. Asume”. Comunicacionalmente, no lo decimos.

No podemos esperar que el Estado asuma una política paraestatal, en la que se inhiba a sí mismo en favor de otra realidad política. El Estado es burgués, porque sigue siendo burgués, porque sigue siendo Estado. Si no tenemos eso claro, dejaremos de pensar en lo que debemos pensar y seguiremos hablando de lo que no debemos hablar.

Por eso, Winston y sus winstonadas son noticia. Por eso Nicmer y sus nicmeradas son noticia. Lo que dijo Jacqueline Faria es noticia. Lo que dice Maríia León es noticia. Lo que tuiteó El Potro, es noticia. Lo que dijo Capriles, lo que dijo Chuo, lo que dijo MariCori, lo que dijo la mujer de Leopoldo, etcétera.

En la Casa del Costurero, en Santa Elena, Mérida, hay una Escuela Popular de Comunicación. Se trata de una Comunidad de Aprendizaje en Comunicación Política que forma parte de la Universidad Politécnica Territorial Kleber Ramirez en Mérida. Un elemento de valor político con el cual se ha construido esta comunidad es el de reconocernos, el de encontrarnos, el de integrarnos. El de superar la lógica que nos desarticula y que nos desvía de nuestro centro de acción política; nosotros y una revolución para todos y todas. Entre el hecho político y el comunicacional, desarrollamos un punto de consenso simple: “Si algo debemos hacer, lo haremos y lo divulgaremos. En eso debemos ocuparnos”.

Una de las lecturas que hemos efectuado sobre el hecho comunicacional en el marco de nuestra revolución es que hay un preocupante silencio entre el chavismo a la hora de hablar del chavismo. Anclados en una rutina de la respuesta, del contraataque, de colocar al contrario en el tapete, del reconocimiento del enemigo pero no del amigo, hemos navegado en 15 años de política comunicacional que a traspiés ha cumplido con el objetivo táctico de ayudar a sostener a la Revolución.

Pero en el objetivo estratégico, que es la cultura, la construcción de nuevas subjetividades, que es la construcción de otra realidad política-identitaria, hemos fracasado. La médula de tan monumental fracaso es el no reconocernos.

Es el desconocimiento del chavismo de arriba al chavismo de abajo. Es el desconocimiento de dirigentes sobre los procesos sociales. Es el desconocimiento de lo que sucede en el terreno a la hora de imponer la “línea” de Gobierno. Es el desconocimiento desde las instituciones sobre lo que la gente hace afuera sin las instituciones. Al desvincularnos mostramos lo que queremos mostrar, divulgamos lo que queremos divulgar, vemos lo que queremos ver.

La construcción de una comunicación popular y pertinente pasa por la organización como fuente medular de la acción política, como instancia generadora de conocimientos. De ahí que ha sido imposible que comunicólogos, periodistas y demás “especialistas” intenten desde una oficina del Minci asumir la realidad y transformarla.

Ha pasado con todos y todas los ministros y ministras. Todos han asumido que un proceso político parte de una acción institucional, cuando lo que en realidad hacen es decretar un proceso social. Por tal razón fracasan.

Así que todos los desaciertos en la política comunicacional de la Revolución no son responsabilidad de los ministros. Son nuestros. Somos nosotros quienes aguas abajo no hemos sabido articularnos, ni organizarnos en favor de construir un poderoso eje de acción política, programática y cohesionada, para abordar nuestros medios, para construir nuestra subjetividad. Para reconocernos, para comunicarnos. Para divulgar nuestra labor política y la lucha por la construcción de lo distinto.

Es ahí cuando los Winston toman espacio. Es así como le damos espacio a los Nicmers y hablamos de lo que ellos dicen. Es así cuando divulgamos a gendarmes de nuestra dirigencia sedientos de protagonismo. Es ahí cuando la derecha nos impone su discurso, su lenguaje, su tema a discutir. Es allí cuando nos desvinculamos, nos desconocemos y comenzamos a priorizar lo que no debe ser priorizado y desechamos lo fundamental, que es el nosotros haciendo revolución y construyendo conciencia.

Partamos de la compleja acción política de articularnos para ir a lo simple: para difundir más el hecho comunal, donde sale gente real, haciendo cosas reales

Antes de que el Correo del Orinoco continúe con su ambiguo y sinuoso lenguaje, antes que RNV se dedique casi exclusivamente a ser la oficina de comunicación institucional de todos los ministerios, antes de que VTV coloque a opinadores para que hablen de Capriles (y lo resuciten), antes de que Winston ponga al aire un programa sexista y humillante por el maldito rating, paremos un poco la locura y hablemos un poco de nosotros.

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Partamos de un principio simple: Chávez no fue un comunicador, ni su discurso llegaba, por alguna labia fabulosa. No. Chávez llegaba a nosotros porque nos reconocíamos en él y porque él se reconocía en nosotros. Si queremos hacer comunicación revolucionaria debemos reconocernos. Darle un giro a la política comunicacional (estatal y alternativa) de manera articulada y políticamente acertada.

El reconocernos para comunicarnos y el comunicarnos para reconocernos no es otra cosa que construir nuestra semiótica, se trata de establecer y consolidar nuestros vínculos sociales por medio de la comunicación en sus diversas formas. Es transversalizar en nuestro espectro social un lenguaje común, un símbolo de identidad, un discurso unitario. Es reconocer nuestra labor concreta para promoverla, para sensibilizarnos alrededor de ella, para construir más, crear más. Es colocar todo el esfuerzo del Gobierno y del pueblo en una sola tesis discursiva: somos chavistas y estamos transformando la patria.

Partamos de la compleja acción política de articularnos para ir a lo simple: para difundir más el hecho comunal, donde sale gente real, haciendo cosas reales. Para visibilizar a los movimientos sociales. Para invisibilizar a la derecha hasta donde sea políticamente saludable. Para explicar nuestro proceso social desde sus protagonistas. Para no insistir en deformar a miles por el rating y formar a 100 para la revolución.

Para explicar cómo es que los consejos comunales han construido 100 mil viviendas. Para explicar por qué hay empresas comunales que no se han ido a la quiebra. Para explicar cómo es que tenemos dirigentes comunales que dedican sus días enteros, sin salarios, en una labor de voluntarios, para organizar y atender a sus comunidades.

Para explicar cómo es que una emisora comunitaria sobrevive sin meter publicidad. Para explicar cómo llega nuestro pan a la mesa y qué manos lo produjeron. Para subrayar nuestra identidad chavista, como comunidad emocional, política, revolucionaria, estirpe de Chávez, como responsables de nuestra historia.

Comunicarnos para contar nuestra historia. Para contar lo que estamos haciendo ahora mismo. Para organizarnos más y mejor. Para transformarnos.

Hablemos un poco de nosotros y no dejemos que el enemigo nos desgaste. Que no nos distraiga.

Fuente : http://misionverdad.com/columnistas/por-un-momento-hablemos-de-nosotros

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2 comentarios sobre “Por un momento, hablemos de nosotros

    necorogua granja escribió:
    18 de octubre de 2014 en 3:48 am

    Recibido, este material debe ser difundido, en un esfuerzo para quienes no han entendido su verdadero rol o sencillamente enmascaran un sentimiento falso.Ejemplos citados en el escrito de animadores que solo ven oportunidades comunicacionales para sacar provecho personal.

    El 17 de octubre de 2014, 21:37, “Escuela Popular y Latinoamericana de

    José Correa escribió:
    20 de octubre de 2014 en 2:42 am

    Leer este material me ayuda a entender que hay otras personas en algún lugar que tiene la misma preocupación que yo sobre el papel de los medios alternativos en manos de personas que solo bloquean cualquier opción de cambio, principalmente en la tv.Revisar esas actitudes y pedir rendición de cuentas sería un paso que nos devolvería la confianza perdida.

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