(Fotos: ) “El tigre y el venado”, documental de Sergio Sibrián (participante de la escuela popular de cine) es estrenado en El Salvador

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Véase el reportaje TV : elsalvador.com, Don Chelino: el tigre y el venado de Tacuba.

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TOMÁS ANDRÉU TWITTER: @TOMAZS_ANDREU
Sábado, 2 de Marzo de 2013

Los agrietados, morenos y polvorientos pies de Marcelino Galicia Fabián se parecen al mismo suelo de su casa. También a los caminos de su pueblo natal que recorrió una y otra vez. Los mismos que lo vieron nacer, huir y morir. Y danzar y resucitar. Danzar y resucitar…

En las primeras décadas del siglo XX Tacuba solo eran 15 casas, mucho monte, muchas calles y vereda tras vereda geográficamente accidentadas. Para aquel entonces Marcelino tenía 20 años. Ya era un hombre. El papá le dio la mejor de las armas para no morir de hambre: un machete marca Calabozo.

“Un solo machete se ocupaba en aquel tiempo, solo Calabozo. Ahí tengo la muestra de uno” y la pantalla de la “handycam” muestra a un viejito de 103 años que se levanta de su desvencijada silla y se va hacia el rincón de su casa, toma el machete y vuelve a ponerse frente a la cámara de quien lo está retratando para la inmortalidad: Sergio Sibrián, director del documental “El tigre y el venado”.

“Decidí hacer un documental sobre él, porque me pareció un ser con una fuerza dramática y con mucha sabiduría”, confiesa Sibrián, un joven que trabaja con la Asociación de Capacitación e Investigación para la Salud Mental (Acisam).

La Asociación hace labor comunitaria en Tacuba. Capacita a los jóvenes en producción de videos comunitarios. Estos tuvieron la idea de investigar la desaparición del náhuat. Don Chelino era uno de los últimos hablantes de la lengua ancestral en ese lugar.

“Acompañé a los jóvenes y ahí conocí a don Chelino. Desde entonces quedé enamorado de su vida y quise hacer un documental sobre él”, recuerda Sibrián desde la locación de la productora Contraluz, misma que edita su trabajo.

Marcelino Galicia Fabián se traduce al cariño en don Chelino. Nombrarlo de esa manera es aproximarse a un viejito que ha vuelto a la magia y espontaneidad de la niñez. De su boca desdentada nace un seseo a la hora de hablar y al escuchársele con atención, su voz despierta empatía.

“Con este me daba de comer yo, con este trabajaba”, prosigue Marcelino ante la cámara, mientras pasa su mano sobre la hoja oxidada de aquel machete que le sirvió para sobrevivir. Lo toma con orgullo y hace énfasis en la marca como si fuese la de un carro clásico que logró sobrevivir los vejámenes del tiempo.

La escena quedó fuera del proyecto cinematográfico de Sibrián, pero revela la manera sencilla en la que un hombre se forjó su propia felicidad siguiendo los consejos de sus mayores. Los lleva siempre con él. Los cuidó del olvido como ahora lo cuida Sergio Sibrián con su documental subtitulado al inglés, francés, alemán y al mismo español.

Los caminos de la vida

Tacuba es una población de origen pipil. Su nombre en náhuat significa “patio o campo de juego de pelota”. Tiene una extensión territorial de 149.98 km donde el 99 % es de carácter rural. Administrativamente se divide en 14 cantones, 4 barrios, 96 caseríos y 7 colonias.

Don Chelino vivía en el caserío Los Orantes, a unos cinco kilómetros de Tacuba. Llegar ahí en vehículo es una odisea. A pie, un calvario.

Estudios realizados en 1999 por la Organización Mundial de la Salud OMS y el desaparecido Consejo Nacional de Cultura (Concultura), indican que la pobreza entre la población indígena de El Salvador es agobiante: el 61 % viven en estado de pobreza y el 38 % vive en estado de pobreza absoluta.

En el caso particular de Tacuba, este ocupa el décimo lugar entre los municipios en “pobreza extrema alta en El Salvador”. Las estadísticas —en resumen— indican que la pobreza es una condición que afecta al 74.3 % de los hogares, estando un 49.1 % de los mismos en pobreza extrema. El solitario hogar de don Chelino era uno de esos.

Sus ciudadanos tienen fuertes rasgos indígenas. Don Chelino no era la excepción. A pesar que llevaba una larga barba rala que le daba un aire a chino de la dinastía Ming, su nariz y su morena piel gruesa tostada por el sol le resaltaba la herencia de sus ancestros.

El protagonista de “El tigre y el venado” fue un testigo del siglo XX. De la revuelta indígena-campesina de 1932, don Chelino no sabe nada. Al menos no como debió saber. Lo único que sabe de aquel momento es que sus familiares fueron asesinados en el patio de su casa. Él no supo por qué los perseguían, mataban y no los dejaron entrar a la escuela. Tampoco por qué les prohibieron hablar náhuat. Solo sabe que tuvo que huir hacia unas cuevas fronterizas con Guatemala. Ahí se resguardó y vivió como pudo. A solas guardó lo que le quedaba de él y sus antepasados.

Entrevistado por estudiantes universitarios, él contaba lo que él entendía de aquello. Hasta un anglosajón se interesó en su historia y le pidió clases de náhuat, sin embargo, sobre las preguntas de 1932 que le hacían, él tenía una espesa bruma.

“Él murió con esa duda de por qué fueron asesinados los indígenas y campesinos de 1932. No tenía una posición definida sobre esos hechos. Fue un nahuahablante que no entendió por qué en las escuelas no podían hablar su idioma”.

“Yo me recuerdo de eso porque me daban lástima mis familiares… hasta me escapo a que se acaben mis lágrimas por el momento de ver a mis familiares muertos en el patio de la casa, allá en el pueblo [Tacuba]. Mi abuelito llegó llorando porque le habían matado a un hijo y a una hija”, les cuenta don Chelino a los investigadores en otra imagen desclasificada del documental. Y desde alguna laguna mental que lo hace hablar en voz alta, añade una referencia sobre su silenciado idioma náhuat:

“…Toda la gente antigua así hablaba”.

Tiempo después, mucho después, don Chelino compartió su herencia cultural, no como se debía, porque la realidad socioeconómica de su existencia se lo impidió, pero lo hizo. Así, retomó una de las danzas tradicionales que le enseñaron otros abuelos indígenas y se volvió el protagonista de El tigre y el venado.

De la danza al documental

“El tigre y el venado” es una danza del municipio de Tacuba (aunque los historiadores y la bibliografía remiten a una más antigua en San Juan Nonualco, La Paz y lleva el mismo nombre). Datos inéditos de un trabajo monográfico de la Casa de la Cultura de Tacuba proporcionados por el coordinador departamental del Programa Nacional de Alfabetización del Ministerio de Educación, Carlos Henríquez Ramírez, revela que hasta el año 2002 existían 13 danzas.

En Tacuba, don Marcelino era una parte vital en la danza: fabricaba los tambores y los pitos y los hacía sonar. Él era el corazón musical de la danza. O para decirlo mejor: era el compositor y director de la agrupación.

Por eso, Sergio Sibrián decidió bautizar su trabajo “El tigre y el venado”. Aunque hay otra razón:

“El título es por la danza, pero también es una metáfora porque don Marcelino es sobreviviente de 1932. El tigre es la comparación del ejército de aquel entonces que hizo la masacre de los indígenas, que en este caso serían el venado”.

Sibrián entró en contacto con don Chelino en 2009, pero fue en 2010 cuando surgió la idea de hacer el documental. En 2011 inició la filmación. Don Marcelino moriría al año siguiente, el día 15 de julio de 2012. Tenía 104 años.

Sergio Sibrián le hizo una promesa a don Chelino: cuando estuviese listo el documental, sería presentado primero en su comunidad ante sus vecinos, amigos, conocidos y familiares.

El pasado 8 de febrero el director de “El tigre y el venado” cumplió su promesa: presentó en la comunidad Los Orantes su documental. Lo hizo en el día en que don Chelino cumpliría 105 años. ¿Qué fue lo más bonito que le pasó en 104 años a don Chelino?, le pregunté a Sergio Sibrián. “Haber comido una variedad de carnes: garrobo, conejo, camarones, cangrejos”, me respondió.

El documental se presentará próximamente en San Salvador.

Noe

Flor López y Sergio Sibrián, del equipo de comunicación participativa de ACISAM.

Cuando le preguntan con cuánto de presupuesto ha contado este proyecto de documental, Sergio Sibrián responde que con el presupuesto del corazón, un corazón colectivo.  Y si le preguntan porque considera que el taller impartido hace cuatro años por la Escuela Popular y Latinoamericana de Cine en Managua, Nicaragua, fue uno de los detonantes de este proyecto, dice que “el taller de Documentalismo Social me permitió descubrir una nueva forma de contar historias desde la narrativa audiovisual con personas del pueblo como protaginistas que tienen historia, memoria, vida propia y por lo tanto reforzar su papel como sujetos con identidad propia. Y otro elemento que descubrí fue que se puede hacer cine documental sin hacer la “entrevista busto” aburrida y tradicional que prioriza la palabra y aisla a las personas de su entorno a cambio de priorizar las acciones cotidianas de los personajes en su contexto natural.”

En 2009 la Asociación de Capacitación e Investigación para la Salud Mental (Acisam) llegó a Tacuba e impartió talleres sobre audiovisuales. Los jóvenes del lugar hicieron un trabajo sobre la pérdida del idioma nahuatl. Fue ahí que Sibrián entró en contacto con “don Chelino”, quien además era de los pocos hablantes de esta lengua ancestral en ese municipio.

“Me quedé enamorado de su vida. Decidí hacer un documental sobre él, porque me pareció un ser con una fuerza dramática y con mucha sabiduría. Es un hombre olvidado como su misma cultura indígena. Su vida tiene unos valores diferentes que el resto de personas”, confiesa Sibrián.

El título del documental se debe a que es una danza autóctona de las cinco que existen en el municipio de Tacuba. “Don Chelino” hacía los tambores y elaboraba los pitos de carrizo. Él tocaba los instrumentos y hacía las melodías para la danza. “Don Marcelino era el líder y su tesoro eran sus dos tambores, la máscara del tigre y el venado. Para él su tesoro era eso, su cultura, su danza”, recalcó Sergio. Aunque fue en 2009 que Sibrián entró en contacto con “don Chelino”, fue hasta en 2010 cuando al primero se le ocurrió hacer un documental sobre el segundo. En 2011 inició la filmación. En total fueron 25 horas de grabación. Tres años duró el proyecto.

Lastimosamente Don Chelino, como le decían de cariño, falleció antes de poder ver realizado este proyecto. Falleció el 15 de julio de 2012. Tenía 103 años. “Amó la vida. Era un hombre de esperanza. Nunca lo escuché renegar de la vida. A pesar de todas sus carencias se reía”, recuerda Sibrián. Sin embargo toda su comunidad se reunió el viernes recién pasado para presenciar el pre-estreno y cumplir de esta manera con la promesa que Sibrián le hiciera en vida al personaje principal de la cinta, que ese mismo día hubiese cumplido 104 años de vida.

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Por montañas e inclinadas veredas – las mismas que algún día recorrió Don Marcelino Fabián Galicia – el pasado 8 de febrero 2012 nos aventuramos a llegar hasta la comunidad El Jícaro, en Ahuachapán,  a la que pertenecía este personaje y donde se estrenaría el documental “El tigre y el venado”, del cual él fue su protagonista. Fue al caer la noche que la casa comunal empezó a recibir a decenas de personas, entre adultos y niños que se mostraban curiosos de ver la actuación que tuvo el longevo en la mencionada cinta.

A la proyección se hicieron presentes los familiares de Don Marcelino. Su hermano Federico Fabián, de 82 años de edad, se mostró sumamente satisfecho con el documental, recordó con lágrimas en los ojos a su hermano y agradeció a todas las personas que de una u otra manera se vieron involucrados en dicho proyecto.

foto Giovanni Cuadra 1Don Federico Fabián, de 82 años de edad, se mostró conmovido con la proyección del documental “El tigre y el venado”, en el que su hermano Marcelino Fabián (derecha) es el protagonista. Fotos Cortesía Giovanni Cuadra.

“Don Marcelino era un sobreviviente da la masacre de 1932, de los últimos hablantes del Nahuatl y parte esencial de la danza del tigre y el venado. De mi parte yo si me comprometo a mantener esta tradición, habrá que ver si las otras personas deciden seguir con esto. Lastimosamente los jóvenes ya no valoran eso, es bastante difícil pero vamos ha hacer esa gran lucha”, dijo Roberto, un joven que tuvo la oportunidad de compartir con Don Marcelino y a quien el anciano enseñó el amor por las tradiciones. 

“Este documental es de la gente para la gente. Serán los miembros de la comunidad quienes verán primero la película. Después será el estreno en San Salvador y buscaremos colocarlo en algunos festivales”, revela el director.

Es importante decir que este trabajo está siendo subtitulado en cuatro idiomas: inglés, francés, alemán y el mismo español. “Esto permitirá que el trabajo llegue a una cantidad más grande de público”, añade Sibrián.

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“Una producción salvadoreña, con metáforas y enseñanzas que nos vienen del pasado, que abren una brecha en nuestra realidad desde el tambor y la danza de Tacuba. Abramos nuestros sentidos, nuestros corazones, nuestro intelecto y demos un paso adentro en la danza del tigre y el venado, aprendamos de este maravilloso esfuerzo de vida que regala vida, a través de este valioso documental”.

 

1-     ¿Cómo se conocieron el director y productora?

Flor: Nos conocimos a principios del año 2009 pues él coordinaba un proyecto que iniciaba ese año en el municipio de Tacuba, Ahuachapán, lugar donde resido, el proyecto se llamaba “fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones de jóvenes del municipio de Tacuba” ejecutado por la Asociación de Capacitación e Investigación para la Salud Mental (ACISAM) y en el marco del proyecto se desarrolló una escuela de vídeo comunitario desde el enfoque de comunicación participativa en la cual me capacité y es así como terminé en ese mismo año trabajando directamente en el proyecto antes mencionado junto a Sergio Sibrián director del documental El tigre y El Venado.

2-     ¿Tienes recuerdo de las primeras veces que vistes a don Marcelino Galicia Fabián?

Flor: Si tengo recuerdos de las primeras veces que le vi, aún era una niña pues don Marcelino llegaba a visitar a mi padre y abuela, ellos eran muy amigos de mucho tiempo atrás,  de hecho mi padre aprendió a hablar nahuat con don Marcelino desde pequeña escuchaba sus pláticas, sus carcajadas y las melodías de su pito.

Sergio: El famoso y mítico don Marcelino solo existía en mi mente a raíz de las anécdotas que contaban sobre él como hablante de nahuat y sobreviviente del 32 y la primera vez que lo vi fue cuando él venía caminando sobre una calle de Tacuba y llegó hasta un grupo de personas que estaban viendo una de las cinco danzas que existen en el municipio, esa vez le tomé una foto en la que tiene una alegría en su rostro disfrutando como parte del público espectador pero seguramente recordando su danza el tigre y el venado y viéndose como uno más de la danza en sus recuerdos, esta imagen de don Marcelino se mantiene fresca en mi memoria.

3-     ¿Cómo nació la idea de producir el tigre y el venado?

Flor: Inicialmente la idea surgió de Sergio Sibrián director del documental, a raíz de conocer la vida y trayectoria de don Marcelino que era un indígena no común por su forma de visualizar la existencia y que siempre le dio vida a la danza autóctona El Tigre y El Venado desde sus pocos recursos para movilizarse y dirigirla. Sergio nos compartió la idea y nos propuso que hiciéramos equipo para producir un documental que reflejará la vida personal de don Marcelino, su filosofía, sus saberes ancestrales a través de la danza autóctona y su vivencia como sobreviviente del levantamiento indígena y campesino de 1932, a mí me pareció una idea genial por la esencia e historia de este gran personaje que en lo personal era y es uno de mis referentes históricos que recoge  mucha sabiduría desde mis propias raíces ancestrales.

Sergio: Nace a partir de conocer el valor histórico y cultural de don Marcelino y también a raíz de mi participación en un curso de cine documental impartido por la Escuela Popular y Latinoamericana de Cine, TV y Teatro (EPLACITE), en Managua, Nicaragua en el 2010, que me permitió conocer la propuesta del documentalismo social que se aplica en el documental el tigre y el venado.

4-     ¿Hay otras personas de Tacuba que trabajaron en el documental? ¿quiénes?

 Si hay otros compañeros jóvenes que forman parte del centro de producción audiovisual TVPAR Jóvenes Tacuba, que trabajaron como Ángel Cortez asistente de cámara y sonidista, Ricardo Álvarez y Daniel Rodríguez  como editores del documental, es decir que la mayoría del equipo de producción somos de Tacuba.

5-     ¿Cuál ha sido tu trabajo como productora?

Mi trabajo como productora inicialmente fue el crear un espacio de investigación y contacto entre Sergio y don Marcelino y tener más elementos de la cotidianidad del personaje, luego preparar las condiciones de la pre-producción para las filmaciones, por ejemplo garantizar la movilización desde el casco urbano de Tacuba a la casa de don Marcelino, buscar y gestionar presupuesto, contactar a los integrantes de la danza El tigre y El Venado, coordinar la logística y presentación de la danza en público durante el festival indígena, garantizar la movilización de don Marcelino para los ensayos de la danza etc, y aún se prepararon condiciones para el pre-estreno en la comunidad de don Marcelino.

6-     ¿Cuánto tiempo tardó en grabarse el documental desde la idea inicial?

Tardó dos años para grabarse después de la idea inicial hasta finalizar la filmación. Pero el proyecto tuvo una duración de tres años en total. Un año de pre producción, nueve meses de filmación y un año con tres meses en la post producción o edición.

7-     ¿Cómo se sintió  don Marcelino al saber sobre la producción?

Don Marcelino se sintió emocionado, importante y satisfecho con la idea pues él decía aunque sea estos recuerdos van a quedar y lo decía con un poco de nostalgia pero a la vez con mucha alegría.

8-     ¿Es igual el campo de la producción para una mujer que para un hombre?

 La producción es igual para un hombre y una mujer, eso me queda claro pues  la mujer es capaz de hacer las mismas tareas en el campo de la producción al igual que un hombre, todo es cuestión de voluntad, deseo, ganas de trabajar, concentración, ideas, actitud organizativa, etc.. y eso no tiene nada que ver con el hecho de ser hombre o mujer para asumir el rol y el trabajo de la producción.

Sergio: 

9 – ¿Qué significa el tigre y el venado para tí?

La danza el tigre y el venado en Tacuba tiene un significado religioso por medio de sus diálogos y un significado cultural autóctono por medio de su dramatización a través de la danza. Pero en el documental el tigre y el venado tiene un significado metafórico ya que el tigre representa al ejercito como victimario y el venado representa a los indígenas y campesinos de 1932 como víctimas del genocidio durante la dictadura militar de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador.

10- ¿Cuál ha sido tu trabajo como director?

Mi trabajo como director ha consistido en hacer una propuesta de cine documental desde un enfoque alternativo de producción en el sentido de darle protagonismo y visibilizar a los personajes o héroes cotidianos olvidados como don Marcelino que son una riqueza cultural pero tan olvidados como la misma cultura indígena que él representaba, y aunque don Marcelino ya falleció hay una pregunta vigente ¿cuántos Marcelinos hay en El Salvador?.También la propuesta estética del documental es alternativa a las producciones de cine comercial, esta propuesta estética consiste en no utilizar la entrevista busto aburrida y tradicional que prioriza la palabra, durante todo el documental se prioriza las acciones cotidianas del personaje mientras escuchamos voz de Marcelino que nos cuenta sobre su vida, sus valores culturales y filosofía de vida y con ello tenemos dos flujos de información las imágenes y la palabra que se encuentran para comunicar aspectos diferentes de la vida del personaje.Desde el inicio la visión como director fue hacer protagonizar a don Marcelino como sujeto, es por eso que la danza el tigre y el venado como “producto” se ve hasta el final porque antes es prioridad ver al personaje que integra esa danza con una vida propia que tiene historia, memoria, identidad antes de ver la danza como expresión.Los medios de comunicación tradicionales anulan al sujeto y lo tratan como objeto ya que solo llegan a un lugar y graban en este caso la danza como un “producto” de consumo y borran la vida, la historia y la identidad de las personas que integran esa danza.Otros elementos de la propuesta estética son utilizar únicamente sonidos ambientes y la música del pito y tambor que se utilizan en la danza, también utilizar planos amplios para darle más importancia al contexto donde se mueve el personaje y finalmente utilizar los silencios y planos largos para facilitar la reflexión en el espectador.

11- ¿Nos puedes hablar sobre algunas experiencias que sucedieron durante la grabación?

Creo que la experiencia que más recuerdo es haber tenido la oportunidad de conocer y convivir con don Marcelino antes, durante y después de la filmación ya que esto me permitió tener un amigo joven de excesivos años con mucha sabiduría sobre la vida desde la cosmovisión de la cultura indígena que se pueden apreciar en el documental.

12- ¿Cuál fue la parte más difícil del proceso de grabación?

La parte más difícil fue ver sufrir a don Marcelino a causa de su enfermedad, habían días que llegamos a las 6:00 de la mañana a su casa para filmar pero estaba tan mal con su dolor que no filmábamos y mejor le hacíamos compañía hasta que se aliviaba.

13- ¿Ha sido tu primer trabajo sobre la cultura nahuat pipil?

Si, este es mi primer trabajo sobre la cultura nahuat pipil con esta propuesta estética y profundidad en el contenido que ha sido sub titulado en cuatro idiomas: español, inglés, francés y alemán por lo que espero que pueda llegar una diversidad de públicos pero principalmente espero que lo puedan ver la mayoría de salvadoreños y salvadoreñas.

Contacto del director : Sergio Sibrián <kopinol@yahoo.com>

URL de este artículo : https://escuelapopularcineytv.wordpress.com/2013/02/20/fotos-el-tigre-y-el-venado-documental-de-sergio-sibrian-participante-de-la-escuela-popular-de-cine-es-estrenado-en-el-salvador/

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4 comentarios sobre “(Fotos: ) “El tigre y el venado”, documental de Sergio Sibrián (participante de la escuela popular de cine) es estrenado en El Salvador

    Leticia Andino escribió:
    19 de enero de 2015 en 4:41 pm

    Felicidades a estos jóvenes por hacer este documental que es una pieza con gran valor. No he visto el video, pero he visto el trailer y me quedé enamorada de la historia de Don Chelino, un hombre que inspira a seguir luchando por erradicar las desigualdades sociales. Debemos conocer nuestra historia, nuestras raíces, nuestras luchas, porque esa es nuestra identidad. Un pueblo al que sus raíces les son arrancadas y olvidadas y no se hace nada por sanarlas, es como un árbol que se tambalea ante las dificultades…un pueblo que está condenado a repetir sus devastadoras historias. Don Chelino es una luz, una inspiración, tanto personal como para todo un pueblo, una nación, una región, para el mundo….
    Felicidades muchachos! Sigan así, retratando y narrando historias desde los protagonistas…la gente, el pueblo mismo.

    ¿Cómo decir la Escuela Florestan Fernandes? « escribió:
    22 de noviembre de 2016 en 10:13 pm

    […] (7) El Tigre y el Venado de Sergio Sibrián, https://escuelapopularcineytv.wordpress.com/2013/02/20/fotos-el-tigre-y-el-venado-documental-de-serg… […]

    Comment dire l’École Florestan Fernandes ? | Venezuela infos escribió:
    27 de noviembre de 2016 en 12:14 am

    […] (7) “Le Tigre et le Cerf” de Sergio Sibrián, https://escuelapopularcineytv.wordpress.com/2013/02/20/fotos-el-tigre-y-el-venado-documental-de-serg… […]

    COMMENT DIRE L’ÉCOLE FLORESTAN FERNANDES ? | mouvementsansterre escribió:
    27 de noviembre de 2016 en 5:52 pm

    […] (7) “Le Tigre et le Cerf” de Sergio Sibrián, https://escuelapopularcineytv.wordpress.com/2013/02/20/fotos-el-tigre-y-el-venado-documental-de-serg… […]

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