La Marina (delante y detrás de la cámara), por Tamara Roselló • La Habana

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PROGRAMA DE COMUNICACIÓN POPULAR DEL CENTRO MEMORIAL MARTIN LUTHER KING 

La Marina, situada en el margen sur del río Yumurí, en la ciudad de Matanzas, hoy es otra. Un proyecto sociocultural ha cambiado los signos negativos de esta barriada con acciones dirigidas a la educación de niños, de la juventud y también al trabajo con amas de casa, con la familia en sentido general, para que se apropien del espacio comunitario de otro modo, lo hagan suyo para transformarlo y regalarse mayor calidad de vida. Uno de sus líderes comunitarios, conocido como el Kimbo, lo confirma: “la marginación se ha ido eliminando con los talleres que hemos recibido dentro del barrio, la participación y el sentido de pertenencia de los distintos grupos”.

Ya celebraron la primera década de trabajo comunitario y para la ocasión no quisieron quedarse puertas adentro. Aprendieron los misterios del lenguaje audiovisual con la asesoría del Programa de Comunicación Popular del Centro Memorial Martin Luther King y de inmediato empezaron a pensar cómo llevar a imágenes y sonidos la historia de tanta gente común y grande que ha pasado por aquellas calles y ha dejado parte de sí en las costumbres y tradiciones que este proyecto sociocultural ha revitalizado para orgullo del vecindario.

“Se quiere dar a conocer que el barrio es como otro cualquiera, con peculiaridades muy propias”, me dice Samuel Rodríguez, integrante del Grupo Gestor del Proyecto comunitario, mientras me cuenta los propósitos de la realización con metodología participativa del documental Bendita sea La Marina.

La formación ha sido uno de los énfasis de esta experiencia de transformación, no solo del ambiente físico, sino también sicosocial. En ese sentido, han centrado la atención en la solución de conflictos, la concepción y metodología de la educación popular, el liderazgo, todo en función del trabajo comunitario. De la comunicación también se han apropiado no solo como una herramienta imprescindible —lo que responde a concepciones más instrumentales—, sino como una dimensión para impulsar la organización interna del proyecto y facilitar las relaciones conotras comunidades e instituciones con las que mantienen vínculos.

La comprensión estratégica del trabajo comunicativo quedó expresada en un proceso de planeamiento estratégico, llevado a cabo por el Grupo Gestor de La Marina para su segundo quinquenio de vida. La comunicación y la articulación fueron ámbitos en los que se propusieron profundizar para lograr que se promoviesen “las actividades del Programa y hechos de la vida sociocultural y política del barrio; así como la articulación con los factores institucionales, sociales y gubernamentales que participan”.

Para ello incluyeron la capacitación en temáticas comunicativas y el adiestramiento de algunas personas para desempeñarse como promotores de las actividades generadas por el proyecto. “Hacíamos actividades barriales y luego muchas personas se quejaban porque no se enteraban y hasta se ponían bravas. Entonces nos dimos cuenta de que necesitábamos hacer algo y acordamos sacar un boletín con las actividades culturales que teníamos en el mes”, recuerda Tahimí Sánchez, una de las fundadoras del boletín El Pon Pon. Ese fue el primero de los pasos que dieron para mejorar la comunicación entre ellos.

Otro de sus anhelos era la realización de un video participativo. Entonces llegó el ofrecimiento de la Productora Caminos, que ya había realizado un material audiovisual similar en Las Guásimas —una comunidad al oriente del país—, a propósito de la electrificación de esa zona. “En 2006 se habla de retomar una experiencia como esa”, rememora Ángel Piedra, coordinador de la Productora, “y asumimos este nuevo desafío, ahora en La Marina”.

Regla González, otra líder comunitaria marinera añade: “nos propusieron hacer un documental sobre La Marina, pero nunca pensamos que nosotros mismos íbamos a ser los camarógrafos, los guionistas, los que tuviéramos la idea. Nos hemos divertido mucho pero también hemos aprendido. Hemos trabajado día y noche. Y eso se lo debemos al acompañamiento del Centro”.
Uno de los aportes más importantes de esta realización audiovisual fue precisamente que retó a los vecinos de este barrio a convertirse en narradores de su propia realidad.

“Nos agradó mucho que fueran las propias personas del barrio quienes lo hicieran —dice Samuel Rodríguez—. Ese es uno de los principios que hemos seguido desde el proyecto: que la gente del barrio sean los protagonistas en todo y en este momento son suficientes como para emprender cualquier experiencia. Un documental era una nueva oportunidad para aprender cómo se hace un guion, trabajar la producción y cualquier otro aspecto relacionado con la realización audiovisual.

“Ha sido un proceso muy integrador y ha permitido adentrarnos más en la historia del barrio y también confrontar opiniones. Grabar criterios negativos de parte de la población del resto de la ciudad acerca del barrio. Pero, a la larga, se ha demostrado que eso ha sido fruto de prejuicios que vienen arrastrando por años. En el documental La Marina se ve hablando de sí y a otras personalidades. Ese es un granito más que dice cuánto ha crecido la autoestima de sus habitantes”.

Apoyados en la educación popular y en la base formativa que acumulan, gracias al proyecto sociocultural de transformación integral, la metodología participativa se asumió como un nuevo proceso de aprendizaje grupal. Se planificaron talleres centrados en aspectos del lenguaje audiovisual. De la teoría, directo a la práctica. “Todo esto ha sido en equipo. Es que no hay mejor trabajo que el colectivo, porque cuando uno discute entre todos, nos peleamos pero al final salen mejor las cosas”, cuenta Regla González, devenida entrevistadora y guionista.

En la medida que avanzó la capacitación, se fueron esbozando las ideas, responsabilidades y plazos para el documental, que se convirtió en un ejercicio de sistematización de la década transcurrida desde que comenzara el proyecto sociocultural. Pero más allá de lo alcanzado en los últimos años, acordaron como tema central evidenciar las riquezas, valores y tradiciones del barrio. Allí “no solo hay problemas, también existen tradiciones y una solidaridad entre sus pobladores muy intensa, que no abunda en muchos lugares”, asegura Ángel Piedra, quien logró mucha afinidad con la gente de La Marina durante el proceso formativo y la posterior realización del documental.

La tesis por defender: “Más del 70 por ciento de la población de este barrio matancero es negra, y aproximadamente el 90 por ciento de su gente practica alguna de las religiones cubanas de origen africano. Ese es el motivo por el cual han asimilado durante más de un siglo una cultura de resistencia, un sentido de pertenencia y una tremenda capacidad de divertirse, crear y defenderse. Todo esto en una sociedad en la que aún persisten entre otras formas de discriminación, la social, la racial y la religiosa, si bien han sido superadas a nivel del discurso.”
La metodología participativa en la realización de este documental no se quedó solo en el dominio de aspectos básicos del lenguaje audiovisual, que les permitirá en lo adelante, al Grupo Gestor y a vecinos de allí, decodificar mejor los productos audiovisuales que aprecian sobre todo por la televisión y el cine. La posibilidad de aplicar el nuevo conocimiento, de ver las interioridades de una producción audiovisual hasta el momento de su premier, ha sido una experiencia vivenciada en el propio barrio y que ellos han querido registrar también, a través del making off, que facilitará conocer las interioridades de ese proceso de contarse a sí mismos desde un documental.

En poco menos de media hora, entrelazan los testimonios de gente natural de La Marina, con voces de representantes de organismos o exponentes de la cultura territorial, que revelan los significativos aportes de las tradiciones cultivadas por años en esta comunidad. Imágenes de cómo han mejorado ellos mismos sus viviendas, del aporte del proyecto a las mujeres amas de casa o la repercusión del rescate de una comparsa perdida en el recuerdo, el homenaje a uno de sus jóvenes, que murió en la lucha por la independencia plena del pueblo angolano o la de un médico que cumple misión solidaria en Venezuela, ahora llenan de orgullo a quienes viven en este populoso barrio matancero.

Así se ven y se cuentan, con conflictos y desafíos pendientes, pero también con deseos de implicarse más en la solución de sus problemas comunes.

Esta experiencia comunicativa “nos ha enseñado a desinhibirnos, y a darnos cuenta de que no tenemos que quedarnos siempre en el anonimato— considera Tahimí Sánchez—. Esto es como un despertar, como tocarle el alma, el corazón a la gente, o lo que tienen dormido y darles fuerza para que se unan al proyecto o que hagan su propio proyecto y crean que ellos también pueden hacer por este barrio”.
El documental Bendita sea La Marina tomó poco más de un año y medio de trabajo conjunto entre la gente de esa localidad y el Centro. En él se resaltan las riquezas y valores de La Marina y de su gente sencilla y solidaria. Otra vez la comunicación sirve para dejar registro de lo que se puede hacer a favor de la participación real de los seres humanos y sobre todo, por su crecimiento en lo individual y colectivo.

Fuente : La Jiribilla y CMK, Cuba http://www.lajiribilla.cu/2012/n574_05/574_01.html

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