ENTREVISTA AL DOCUMENTALISTA SERGIO SIBRIÁN (EL SALVADOR) POR THIERRY DERONNE (VENEZUELA) “Ver lo que la televisión tradicional no considera noticia”

Posted on Actualizado enn

Jueves 2 de febrero de 2012

Thierry Deronne – Sergio, la realidad salvadoreña prácticamente no se conoce fuera de titulares “macro” sobre el presidente Funes o la inseguridad. ¿Que nos puedes decir desde tu propia sensibilidad sobre esta realidad, sobre sus resortes, sus contradicciones, sus sueños de futuro social, político?

Sergio Sibrián – Dónde nos ubicamos nos permite tener un punto de vista que nos permite ver unas cosas y ocultar otras, en este caso a través de los medios de comunicación que se ubican desde un punto de vista noticioso y determinando ellos mismos qué es noticia, deciden dar a conocer El Salvador con el presidente Mauricio Funes y la inseguridad social.

Pero se oculta otra realidad que desde mi punto de vista como persona que realizo un trabajo comunitario se puede observar en la vida cotidiana de las comunidades;como el ingenio del salvadoreño para salir adelante en las situaciones de crisis.

La capacidad creativa y organizativa de la juventud que choca con la falta de oportunidades para seguir estudiando una carrera universitaria por la falta de recursos económicos de sus familias y obligados a emigrar hacia Estados Unidos donde son explotados y tratados como delincuentes.

La historia organizativa y de lucha de la sociedad civil salvadoreña es una fortaleza que desde organizaciones de base a nivel comunitario hasta organizaciones regionales y nacionales siempre se está fortaleciendo a partir de necesidades tan básicas como el acceso al agua, la defensa del medio ambiente, la lucha por nuevas leyes como la ley de medicamentos para evitar que las farmacéuticas sigan enriqueciéndose a costa de la salud de los más pobres o la propuesta de ley de medios de comunicación que busca democratizar las frecuencias de radio y televisión.

Después de veinte años de la derecha en el poder, El Salvador lleva dos años y medio con un gobierno diferente que por medio del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ganó las elecciones presidenciales en 2009.

Hoy es considerado un gobierno del Presidente Mauricio Funes y un gobierno del FMLN por la diferencias entre ambos, pero ha significado un primer paso para seguir consolidando los cambios que desde un proyecto de izquierda se espera continuar.

T. D. – Recuerdo que en un taller que compartimos en Managua en la Casa Luciérnaga mencionaste la importancia de relacionar el mensaje nuevo con una renovación del modo de producción. ¿Cómo practican esta idea en su labor, en su forma de concebir, de producir y de difundir obras audiovisuales?

S. R. – El modelo tradicional y hegemónico de comunicación fabrica un mensaje con personal “especializado” y lo transmite a través de un canal/medio a los miles de receptores que reciben el mensaje como espectadores pasivos.

Desde la Asociación de Capacitación e Investigación para la Salud Mental (ACISAM) promovemos el modelo de Comunicación Participativa y capacitamos a grupos de jóvenes de comunidades urbanas y rurales y damos acceso a las personas para que tengan sus propios equipos y medios de comunicación locales.

Las personas que nunca han tocado una cámara de video, un micrófono hoy lo pueden utilizar para comunicar desde su propio punto de vista su propia realidad y es en este momento que el medio de comunicación se convierte en el mensaje para la persona que sin ser especialista es capaz de manejarlo y utilizarlo, capaz de perder el miedo atrás o frente a una cámara o micrófono, capaz de elevar su autoestima al saber que también puede hablar en público y contar historias audiovisuales o radiales y capaz de darse cuenta que el medio es el mensaje para organizarse como grupo y aportar a su comunidad o barrio.

Por eso el medio como mensaje es más importante que cualquier mensaje a nivel de contenido que se pueda producir.

Desde este enfoque de producir, los contenidos de las producciones audiovisuales salen desde la propia realidad que viven los jóvenes comunicadores en sus respectivos barrios, involucrando a sus mismos vecinos que tienen puntos de vista diferentes en relación a la temática tratada.

Una vez finalizada la producción audiovisual es devuelto a la misma comunidad o barrio por medio de presentaciones en plaza pública, generando un debate en torno al contenido del mensaje pero también convirtiéndose nuevamente el medio en mensaje para la comunidad, quienes valoran a sus mismos jóvenes de ser capaces de hacer estos videos tan profesionales como los profesionales, llegando al reconocimiento de la comunidad para el grupo de nuevos comunicadores.

T. D. – Hablando de “seguir contando historias desde una estética nuestra”, ¿cual es la idea general de tu documental “el tigre y el venado” y cual fue tu objetivo al elegir este tema?

S. S. – En 1929, se produce la gran depresión económica a nivel internacional, que ocasiona la brusca caída de los precios del café. Los efectos de tal situación fueron graves para El Salvador, en vista de que su economía se basaba en el monocultivo y la mono-exportación del grano de café.

Los salarios de los jornaleros, incluida la población indígena, se redujeron a la mitad de lo que eran antes de la crisis. El 2 de diciembre de 1931, los militares, ante la caótica situación económica que generaba grandes protestas entre la población, dan un golpe de Estado que lleva a la presidencia al general Maximiliano Hernández Martínez, quien se mantuvo en el poder durante trece años de dictadura militar.

El 22 de enero de 1932, se inició una insurrección popular de campesinos e indígenas en la zona occidental de El Salvador y representó la última manifestación de la población indígena en contra de las injusticias padecidas desde la colonización. El ejército dio muerte a unas 30,000 personas aproximadamente.

Hoy me encuentro trabajando en Tacuba, uno de los municipios que sufrió la represión en 1932 y todavía hay presencia de población indígena que tiene entre sus manifestaciones culturales la danza autóctona El Tigre y El Venado.

La idea general de hacer un documental nace a partir del contacto con las personas que son sobrevivientes o familiares de los que se levantaron para defender sus derechos, pero también la idea nace de contar los acontecimientos sin hacer la tradicional entrevista a las personas relacionadas con el tema como comúnmente se hace y así surgió la siguiente idea.

Esta historia muestra al último abuelo que sabe tocar la flauta indígena llamada pito de carrizo para acompañar la danza autóctona El Tigre y El Venado. Mientras enseña las melodías a un joven para que no se pierda la tradición le cuenta sobre la masacre de indígenas de 1932 en El Salvador a la que él sobrevivió. El joven logra aprender y junto al abuelo toca las melodías musicales mientras vemos bailar los danzantes.

El objetivo de hacer esta película, que es una combinación de documental y ficción es reconstruir el hecho histórico desde el recuerdo, vivencias y sentimientos de la misma gente y no desde historiadores; para reconstruir la memoria histórica desde las personas de la comunidad que son los verdaderos protagonistas.

Los dos personajes principales: Marcelino Galicia, de 103 años de edad y sobreviviente del 32 y Roberto Carlos Mendoza, de 26 años de edad son parte de la danza autóctona El Tigre y El Venado, y elegí este título porque en la danza el tigre mata al venado y esto se puede comparar con los acontecimientos de 1932 donde el tigre que mata, es el ejército y el venado que muere, son los indígenas.

T. D. – ¿Cual fue tu relación con la comunidad en la preparación y en la filmación del documental?

S. S. – Por medio de ACISAM llegué al municipio de Tacuba a organizar y capacitar un grupo de jóvenes en producción de video comunitario y uno de los videos que los jóvenes realizaron fue “lo nuestro no muere” que trata sobre la pérdida del idioma Nahuat como consecuencia de la masacre de 1932 y en este video entrevistaron al abuelo Marcelino Galicia, desde entonces me quede pensando cómo hacer un documental sobre el tema de otra forma.

Y este camino lo encontré después de participar en un curso de documentalismo social en Nicaragua que impartió la escuela popular y latinoamericana de cine de Venezuela.

Después conformé el equipo de producción integrado por Ángel Cortez y Flor López, dos jóvenes de la comunidad de Tacuba que habían sido capacitados en producción de video y que me han acompañado en todo el proceso de producción, con ellos visitamos al abuelo para saludarlo y contarle la idea que teníamos de hacer el documental hasta que logramos una relación de confianza que nos ha permitido retratar su vida y reconstruir los hechos del levantamiento indígena de 1932.

T. D. – ¿Tuviste sorpresas, descubriste elementos nuevos para ti en este proceso?

S. S. – Mi primera sorpresa fue la naturalidad del abuelo Marcelino de estar frente a la cámara, también la energía y vitalidad que tiene a pesar de su edad y sobre todo la esperanza que tiene ante la vida.

La otra sorpresa fue descubrir las condiciones de pobreza en que vive él y todas las demás personas que se conocen mientras se camina para llegar a su casa y toda esta realidad ha sido captada por el lente que ha sido ubicado desde un punto de vista para ver lo que la televisión tradicional no considera noticia y el ambiente de pobreza que rodea a los personajes constituye la propuesta estética del documental.

T. D. – ¿Qué nos puedes decir del cine social y político actual en El Salvador?

S. S. – La producción de este tipo de cine es muy poco en la actualidad a nivel de país y las iniciativas son más personales o institucionales como universidades ya que se carece de apoyos gubernamentales o de otras organizaciones para producir.

Pero existen iniciativas más locales y comunitarias de personas adultas y principalmente jóvenes que le están apostando a una producción de videos de carácter político, social y cultural.

T. D. – ¿Y en relación al espectro radioeléctrico, se habla de democratizarlo, ¿hay algún debate púbico al respecto?

S. S. – El Salvador no escapa del monopolio del espacio radioeléctrico en manos de unos pocos empresarios que concentran los medios de comunicación y los utilizan para hacer más dinero y mantener el dominio político e ideológico que los mantiene en el poder, como en la mayoría de países de Latinoamérica.

Desde la firma de los acuerdos de paz en 1992, El Salvador solo cuenta con una frecuencia radial comunitaria (92.1) en contraste con 252 frecuencias entre comerciales y cristianas.

Cambiar esta realidad ha sido una lucha constante desde la sociedad civil salvadoreña ya que según la actual legislación de telecomunicaciones la subasta es el único mecanismo para acceder a una frecuencia radial o televisiva y solo lo hacen los que más dinero tienen.

En la actualidad se ha intensificado el debate público sobre el modelo de comunicación hegemónico y la necesidad de fortalecer el modelo de comunicación participativa y se propone una normativa que permita la democratización de los medios de comunicación desde tres principios que son: La comunicación como derecho humano que posibilita el acceso y la creación de medios propios de comunicación `para todas las personas; los medios como instrumentos de democracia que permitan la libre expresión y la diversidad de puntos de vista y finalmente el espacio radioeléctrico como patrimonio público.

Desde el actual gobierno de izquierda también se están fortaleciendo los medios de comunicación del Estado como la televisión Nacional de El Salvador y Radio Nacional que están en una transición de medios estatales a medios públicos pero que tienen que modificar no solo la imagen y los logos sino principalmente el modo de producir radio y televisión y eso implica darle la oportunidad a la gente del pueblo para escuchar lo que hablan y observar lo viven en su vida cotidiana, es decir, comunicar desde la cultura del pueblo.

T. D. –¿Qué perspectivas de trabajo mancomunado esperas nudar como colectivo con otros países de Centroamérica, de América Latina?

S. S. – Lo que espero unir son diferentes experiencias de capacitación relacionados a la producción audiovisual con un enfoque similar sobre el cine como medio para transformar realidades.

Porque la capacitación está unida a la producción y creo que es un camino que nos puede llevar a fortalecer las iniciativas locales de comunicación y estas iniciativas locales fortalecer iniciativas más nacionales, regionales o a nivel de Latinoamérica para ser un solo movimiento de comunicación.

T. D. – Mientras Alba TV va avanzando como una suerte de “Telesur de los movimientos sociales”, ¿que propondrías para desarrollar este canal, que sugerencias, ideas, consejos nos puedes dar desde El Salvador?

S. S.- Lo más importante es que los diferentes colectivos locales y medios de comunicación nos conozcamos para saber cómo se puede aportar mutuamente y estar integrados en un mismo proyecto.

Desde El Salvador y la experiencia de los grupos de jóvenes que producen videos comunitarios se puede alimentar la producción de un canal, que a veces no se hace por desconocer cómo conectarse tecnológicamente.

Por lo que al unir la energía y creatividad de la juventud que es atraída por las nuevas tecnologías con los canales disponibles para compartir las producciones locales que ya se están realizando solo faltaría saber la ruta técnica para desarrollar las iniciativas de comunicación que existen en la actualidad.

Tacuba (El Salvador)/Caracas febrero 2012.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s